Nº 143 - ¿Por qué los perfumes nos parecen diferentes en casa de los demás?

Ocurre a menudo: entras en una casa y lo primero que piensas es: "aquí huele de maravilla." Luego vuelves a la tuya y, aunque uses la misma fragancia, te parece no percibirla de la misma manera.

Pero la razón no es el perfume, somos nosotros.

El olfato es un sentido inteligente: al cabo de un tiempo, se acostumbra a los olores que considera familiares. Es un mecanismo natural. La fragancia que percibes intensamente los primeros días deja progresivamente de parecerte evidente, precisamente porque el cerebro la reconoce como parte del entorno. Por eso los perfumes de las casas ajenas nos impactan siempre más: son nuevos. Inesperados. Aún no registrados en nuestra memoria.

Sin embargo, esto no significa que tu perfume no se sienta. Al contrario, a menudo se ha vuelto tan coherente con tu casa que ya forma parte de ella.

¿Una forma sencilla de reactivar la percepción? Cambiar ligeramente algo. No es necesario sustituir completamente la fragancia. A veces basta con mover el difusor a otro punto de la habitación, o añadir una nota complementaria: una vela más cítrica junto a un difusor amaderado, por ejemplo.

Alternar los momentos también ayuda. Si usas siempre el mismo perfume durante todo el día, acabarás inevitablemente percibiéndolo menos. Una buena idea puede ser usar fragancias diferentes entre la mañana y la noche: algo más fresco durante el día y notas más suaves en las horas lentas.

Hay además otro detalle interesante: los tejidos retienen el perfume de forma diferente al aire. Una cortina, una manta, un cojín ligeramente vaporizados pueden restituir la fragancia de forma intermitente, cada vez que se mueven. Y es precisamente esta alternancia la que hace el perfume más vivo.

Prueba a dejar una habitación sin perfume durante unos días. Cuando reintroduzcas la fragancia, la percibirás de nuevo con mucha más intensidad.

Quizás es esto lo que ocurre también con las cosas bellas: cuando nos acostumbramos demasiado, dejamos realmente de notarlas. Pero basta con cambiar de perspectiva — o simplemente volver a entrar en una habitación — para recordar que siempre estuvieron ahí.

Porque el perfume más bonito no es el que invade. Es el que acompaña. El que se descubre poco a poco, mientras se vive la casa.

Escrito por Adele

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